viernes, 15 de enero de 2016

El tan ansiado reencuentro

Como muchos saben, ya estamos de regreso en Argentina desde el 18 de noviembre. Pasamos dos meses hermosos a puro reencuentro con la familia y amigos, nos comimos todo para las fiestas (y lo seguimos haciendo) y nos pusimos al día con todo lo que extrañabamos.
Pero como nos pasa a todos en la vida, cuando tenés algo, ya estás deseando aquello que no tenés o que tenías antes… y nosotros no podíamos dejar de pensar en la Kangooneta, nuestra fiel compañera. 



La habíamos dejado en el puerto de Baltimore, Estados Unidos, el 4 de noviembre, solita y desamparada, bajo una tormenta espantosa, y hace dos días, luego de mucha espera, pudimos reencontrarnos con ella.

Minitour por Montevideo


Ya sabíamos que no iba a ser fácil, que iba a ser un día largo y agotador.
Nos tomamos el Buquebus a Colonia, de ahí un micro a Montevideo, Uruguay, y llegamos a las 6 de la madrugada. A las 9 comenzamos los trámites, con mucha paciencia y siempre una sonrisa ante todo. Lidiando con el calor agotador de enero, aunque por suerte estaba nublado, íbamos de una oficina a otra, entregando papeles, esperando sellos, autorizando trámites. En fin, mucha burocracia.

A las 4 de la tarde, logramos entrar al puerto. Gaby ya había estado en los puertos de Cartagena (Colombia), Panamá y Baltimore (Estados Unidos), y esta vez fue la más relajada de todas. No nos pidieron ningún documento y cualquier persona podía entrar así como si nada. Claro, estaba lleno de cruceros y la terminal de Buquebus, pero nosotros teníamos que ir más lejos.

Avanzamos siguiendo las indicaciones que nos habían dado, y de repente nos encontramos caminando entre contenedores, grúas, camiones gigantes y un señor vendiendo helado en ojotas! Cero medidas de seguridad!


Faltaba un papel más, y mientras lo hacíamos, una chica que estaba haciendo trámites en la misma oficina, se ofreció a llevarnos hasta el depósito donde estaba la Kangooneta. Y menos mal, porque eran como 2 kilómetros que íbamos a tener que caminar esquivando camiones.
Llegamos al lugar y nos reconocieron en seguida: Ustedes son los que anduvieron por todos lados? Y mientras contábamos la historia del viaje, íbamos firmando papeles y terminando con toda la burocracia para ir a abrazarla.







Es una sensación difícil de explicar para quien no tuvo una compañera fiel durante tanto tiempo, testigo de tantas cosas. Y para quienes preguntaban si la íbamos a abandonar por ahí, la respuesta es NI LOCOS!!! Nos va a seguir acompañando durante mucho tiempo más!

Nos recibió con los brazos abiertos como siempre, y aunque no arrancó (por los dos meses que pasó sin andar se descargó la batería), le hicimos puente y enseguida se puso en marcha, lista para seguir recorriendo.

Nos encontramos con Mariano, quien nos seguía en el viaje, y nos fuimos a tomar unos mates a su casa. Previa parada para darle de comer a la Kangooneta, conocimos a su esposa y charlamos un rato.


Tuvimos que seguir viaje para ir a conocer la tan famosa LIBERTAD, de la que Juan,  nuestro amigo uruguayo que vive en Canadá,  tanto nos ha hablado. Juan es a quien más veces hemos cruzado en viaje. La primera vez en Panamá, luego cuando lo fuimos a visitar a Inuvik, y ahora en su ciudad natal.


Cenamos con él, pasamos la noche ahí, desayunamos unos mates con bizcochos (los bizcochos uruguayos son como nuestras facturas, pero la diferencia es que en lugar de venderse por docena, se venden por kilo. Por eso los hacen bien chiquitos, para que te de la sensación de que compras mucho… y también comés mucho, porque perdés la cuenta de cuantos comiste, un problemón!)


 Cerca de las 10 de la mañana, pasamos por otro pueblo a conocer a Guille y su familia, quienes también nos siguieron en el viaje. Seguimos tomando mate y charlando. Como nos gusta hablar de viajes y sueños!  Aunque tampoco nos podíamos quedar mucho… Argentina nos esperaba!



Luego de unas horas de viaje llegamos a Fray Bentos, donde después de un trámite muy sencillo, pasamos el control migratorio para avanzar por el Puente Internacional y, en menos de lo que imaginamos, con el corazón latiendo a más no poder, estábamos circulando con la Kangooneta por RUTAS ARGENTINAS!!!  

Viste cuando el corazón está a punto de explotar? Bueno, así.
Bienvenida Kangooneta a la Argentina!!!




Faltaba poco para el atardecer, pero decidimos seguir con rumbo  a Lincoln, donde estamos ahora en el taller de Diego, nuestro gran amigo y mecánico de confianza.


Es tan lindo volver a la ruta… Te da tal sensación de libertad y plenitud, que se compara con pocas cosas… y volver a ser testigos de atardeceres como este, no tiene precio.
Es en momentos así, donde volvemos a afirmar que vale la pena el sacrificio, que vale la pena la ¨precariedad¨ con la que elegimos vivir estos dos años y medio, que vale la pena buscar una vida más sencilla…




Y la Kangooneta… que hizo durante estos dos meses sin nosotros en medio del océano?
Ya se van a enterar! Volvió con ganas de contarnos todo!






2 comentarios:

  1. Que bueno chicos! Me imagino la emoción del reencuentro y de la vuelta a las rutas. Esperamos ansiosos conocer las aventuras de la Kangooneta en altamar. ¡Lo mejor para lo que se venga!

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  2. Hola!! Hoy lei su pagina y realmente estoy impresionado y emocionado leyendo cada linea! Dos preguntas! En algun momento pensaron quedarse viviendo en otro pais? Y cuanto dinero les costo llegar desde argentina hasta alaska? Un abrazo para ustedes! Saludos desde chile

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