domingo, 4 de marzo de 2018

Carretera Austral - Parte II


Y retomamos con nuestro recorrido por la Carretera Austral, que comenzó en Puerto Natales en un ferry que durante tres días nos paseó por los fiordos chilenos, después de haber visitado las Torres del Paine, continuando por sinuosos caminos de ripio mayormente, acompañados de paisajes alucinantes a cada kilómetro, llegamos así al Parque Pumalín.


El cartel decía que el camino era apto solo para vehículos 4x4

Es un parque privado perteneciente a la Fundación Pumalín, fundada por Douglas Tompkins, más conocido como el fundador de The North Face, quien falleció hace unos años en una expedición en Kayak en el Lago General Carrera/Lago Buenos Aires (donde visitamos las Capillas y Catedral de Mármol) y su esposa Kristine. Las diversas fundaciones de Tompkins en Argentina y Chile han ido comprando tierras para su protección y conservación, incluyendo los Esteros del Iberá en Argentina o el actual PN Monte León en la Provincia de Santa Cruz. A raíz de haber estado allí leímos mucho acerca de estos controversiales espacios y sería demasiado extenso contarles la historia detrás de estos maravillosos y salvajes lugares. Para más información y para conocer los proyectos en Argentina y Chile pueden visitar www.theconservationlandtrust.org


Mucho frío!! Suponemos que durante la noche la temperatura no superó los 0°

A reirnos un poco para disimular el frío

Alguna vez te escondiste bajo una hoja?
Hecha la introducción, queda mostrarles las fotos de los espacios preparados para el disfrute de quienes visiten el parque, porque tanto detalle es difícil de explicar. Miles de hectáreas completamente vírgenes y salvajes, pero allí donde nosotros podemos estar, encontramos el césped perfectamente cortado, áreas de acampe con mesas cubiertas con las tan típicas tejitas de madera chilena (Predominante en Chiloé), terminaciones muy particulares, que según un guardaparques con quien conversamos, cada una de las indicaciones, las terminaciones de las maderas son el reflejo de lo que Tomkpins quería, y que según nos contó aprendió a amar cada días mas su tierra y el lugar que la vida le permite habitar.


Fuera de temporada es gratuito acampar, y hay baños y duchas con agua fría, así que mejor ni intentarlo.
A lo largo del Parque hay varios senderos para hacer caminatas de distinta dificultad. Nuestros favoritos fueron uno que te lleva a unas cascadas en el medio del bosque donde solo faltaban los dinosaurios, y uno en un bosque de alerces milenarios.



Larga vida para los Alerces!

La carretera austral atraviesa el parque, y como les contábamos antes, en un punto se debe subir a una barcaza cortita, que dura media hora aprox, luego manejar 10 km y volver a subir a otra barcaza ya más grande que dura unas 3 horas. En esta última se puede bajar al salón donde hay mesas y sillones para tomar o comer algo, o simplemente mirar el paisaje. Oli se divirtió mucho mirando por las ventanas y corriendo por aquí y por allá.




Cada vez estábamos más al norte, y podríamos habernos embarcado hacia Puerto Montt, que es lo que mayormente hacen todos porque acorta mucho el camino. Pero nosotros siempre buscamos la vuelta más larga, la más complicada y ripio, siempre ripio. Pero el camino que elegimos valió totalmente la pena. Curvas y contra curvas bordeando el mar, en un atardecer que teñía los acantilados con una luz tenue pero brillante.

Y de pronto el ripio se convirtió en asfalto en forma definitiva, el frío que calaba los huesos comenzó a aflojar y sentimos haber llegado a la civilización. Más allá de que los lugares ya no eran tan rústicos, sentíamos que incluso la gente hablaba diferente, no eran tan tímidos o cerrados.



Nos acercamos al Lago Llanquihue con una vista estratégicamente diseñada del volcán Osorno, y nuestra primera parada fue Ensenada, un pueblo muy turístico, especialmente los fines de semana.
Aquí disfrutamos de acampar a orillas del lago con vistas a los volcanes Osorno y Calbuco. Cuando llegamos había muchísimo viento, pero al atardecer se calmó y pudimos disfrutarlo mientras cenábamos, mucho mejor que cualquier restaurante lujoso.




Oli siempre pegado a la amada Kangooneta


También visitamos el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, caracterizado por el lago Todos los Santos y el poblado Petrohué, llamado así por el Río con el mismo nombre que avanza con todas sus fuerzas llevando un color turquesa raramente visto, hermosos saltos que se pueden visitar (aunque no fuimos) y en donde también se puede hacer rafting.





Ensenada fue nuestro primer acercamiento a la arquitectura y descendencia alemana de toda esta región. Allí vimos los primeros carteles ofreciendo Kuchen (kujen), deliciosas típicas tortas con frutos rojos de la región. Frutillas, frambuesas y arándanos fueron nuestros favoritos esos días. Las comimos tan rápido, que no hay fotos. En realidad el desesperado era Oli, y como intentamos que no coma azúcar, nosotros comíamos las porciones rápido, porque si es por él se comía la panadería entera!
Le dimos casi la vuelta completa al lago Llanquihue, pasando por Puerto Varas, Frutillar y por último Puerto Octay, siempre escoltados por el imponente Volcán Osorno. Definitivamente había empezado la primavera para nosotros.


La siguiente y última parada fue el Lago Puyehue, muy cerca del Volcán con el mismo nombre, que hizo erupción en 2012 y afectó mayormente a San Martín de los Andes, y a vuelos de todo el mundo, pero milagrosamente no tuvo consecuencias en Chile. Esta zona se caracteriza por sus aguas termales, que se pueden disfrutar en un lujoso hotel muy lejos de nuestro presupuesto.
Pero también por las aguas de su lago, sus bosques y cascadas, que recorrimos antes de volver a Argentina.
Oli siempre ayudando con las varillas de la carpa




Al igual que nos pasaba en el viaje a Alaska, donde cada vez que estábamos cerca de una nueva frontera nos daba ansiedad por cruzarla y descubrir el nuevo destino, esta vez no fue la excepción y teníamos esa necesidad de volver, después de tres aventureras semanas, a la madre patria. Y la llegada no pudo ser menos que imponente. El paso fronterizo Cardenal Samoré fue el preámbulo perfecto de la Patagonia Argentina, viajando entre lagos y llegando a Villa La Angostura, para recordarnos lo hermoso de nuestro país.






Hubiéramos tenido ganas de quedarnos y recorrer toda esa zona, pero nuestro trabajo de verano en Las Grutas nos esperaba, y seguimos viaje, agradecidos una vez más de poder conocer nuevos rincones, de poder mostrárselos a Oli y que crezca libre en la naturaleza, de estar juntos y poder seguir viajando, ahora en familia, a bordo de nuestra querida Kangooneta.




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